lunes, 19 de noviembre de 2012

Tenerte hasta en la sopa.

Quererte por las mañanas y despertarte con besitos en la espalda, quererte al mediodía y hacerte cosquillitas en los pies mientras comes, quererte por la tarde y acariciarte el pelo mientras me pierdo por tu cuello, quererte por las noches y robarte un beso mientras me fundo en tu cuerpo.

Lo mejor de mí, mis amigos.

Tenemos una lista mental de todas las cosas que hemos hecho en este tiempo, otra de las miles de cosas que nos quedan por hacer y luego otra, la más pequeñita, en la que solo pone: que todo esto nos pase juntos.

Cuidadanos de un lugar llamado mundo


Jugada perfecta.

+Bueno Scot, vaya año. Una lesión amenazó tu carrera en plena temporada, dándolo todo por perdido  Incluido tu propio equipo. Ni tu médico pensaba que pudieras volver antes del final de la temporada; pero lo hiciste y ahora los Nets son los campeones de la conferencia oeste. ¿Cómo es posible algo así?
-Dos palabras; Leslie Right.
+La fisioterapeuta que te ayudo, ¿no?
-Hizo mucho más que eso, mucho más. Vió algo en mi que ni siquiera yo había visto, creyó tanto en mi que practicamente su voluntad me hizo volver. Sí, hubo que trabajar muy duro pero realmente, cuando yo estaba sufriendo y quería abandonar, ella no me lo permitió. Al contrario, ella me hizo reir. No se como hizo de los tres peores meses de mi vida, los tres mejores meses de mi vida. Yo no estaría aquí sin ella.
+Tiene que ser alguien muy especial.
-Sí, lo es. Lo siento amigo; tengo que ir a buscarla.

El miedo

El miedo es como la familia, que todo el mundo tiene una, pero aunque se parezcan, los miedos son tan diferentes y tan personales como pueden serlo todas las familias del mundo. Hay miedos tan simples como desnudarse delante de un extraño, miedos con los que uno aprende a ir viviendo- Hay miedos hechos de inseguridades; miedo a quedarnos atrás, a no ser lo que soñamos, a no dar la talla. Miedo a que nadie entienda lo que queremos ser. Hay miedos que nos va dejando la conciencia; el miedo a ser culpables de lo que les pase a los demás, y también el miedo a lo que no queremos sentir, a lo que no queremos mirar, a lo desconocido. Como el miedo a la muerte, a que alguien a quien queremos desaparezca.  
Y hoy he escuchado a un señor en la tele, un señor encantador, que decía que la felicidad es la ausencia de un miedo. Y entonces me he dado cuenta de que últimamente, yo ya no tengo miedo. Librarse del miedo es como quitarse la ropa delante de alguien, a veces cuesta pero cuando empiezas lo único que tienes que hacer es seguir, sin dudar, y de repente te das cuenta de que el miedo ya no te pertenece, que ha desaparecido, como esa ropa que un día dejaste de usar.

Lo imposible se puede lograr.

Puestos a pensar, he llegado a la conclusión de que nada es imposible. ¿Por qué algo debería serlo, si ni siquiera tocar las estrellas lo es? Hay estrellas por todas partes, en tiendas, en dibujos, en libros. Estrellas en el techo de nuestra habitación o dibujadas en las agendas mientras nos aburríamos. Y la verdad es que se pueden tocas. Al igual que las del cielo: Aunque estén a miles de kilómetros de nosotros, aunque parezcan tan inalcanzables cada noche que las vemos brillar en el cielo, en verdad no lo son. Esos pequeños puntos brillantes en el cielo, se alcanzan con tan solo elevar la mano, y cerra el puño. Ya está, son nuestras. Y, si tocar las estrellas no es imposible, para mí, está más que claro que ninguna otra cosa lo es.


A veces menos es más.

Sólo quiero que ese alguien sepa convencerme que en mi cama no habrá nadie que pueda ser mejor que él para quitarme la ropa. Que no me conjugue verbos en futuro perfecto. Y que tenga los cojones suficientes para decirme que es lo que no soporta de mi. Que se olvide de la hora que es cuando le llame. Y que no sepa esperarme más de tres minutos. Que no me cuente pasados. Ni que se le ocurra decir que estoy preciosa nada más levantarme. Que me deje plantada por algún descuido, pero que no me importe porque se que deja su mundo aparte cada vez que está conmigo.


Nunca dejes de brillar.



Hay una frase de William Shakespeare que dice: “Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa, que con la punta de la espada”. Y yo te pregunto, ¿has intentado alguna vez, de manera consciente, levantarte de la cama por la mañana y hacerte la promesa de tratar de sonreír a todas las personas que se crucen ese día en tu camino?

No hay más ilusiones que tenerte, más riquezas que quererte.


El amor no se basa en frases bonitas ni en promesas imposibles de cumplir, es mucho más que eso. El amor se basa en la felicidad de la otra persona incluso antes que la tuya propia. En quererle todos los días de una forma distinta, pero siempre con todo el corazón. Se basa en aquellos detalles que a simple vista la gente no es capaz de ver. El amor se basa en enamorarse cada día de la mima persona, a pesar de que el día anterior estuvierais peleados. En la confianza. 

Eres la mejor sensación.




Nadie  tiene todas esas imperfecciones que lo hacen perfecto. Nadie tiene su sonrisa, ni su mirada. Nadie hace que me tiemble el pulso o me falte la respiración. Nadie me hace sentir esas mariposas en el estómago ni esas ganas de comerme el mundo.

domingo, 18 de noviembre de 2012

El éxito comienza en la voluntad.

Si piensas que estas vencido, lo estas. Si piensas que no te atreves, no lo harás. Si piensas que te gustaría ganar, pero no puedes, no lo lograrás. Si piensas que perderás, ya has perdido. Piensa e grande y tus hechos crecerán. Piensa que puedes y podrás. Todo esta en el estado de la mente. Tienes que estar seguro de ti mismo. Las batallas de la vida no siempre las gana el hombre más fuerte o más ligero, la gana aquel que cree que podrá hacerlo.


Contigo nada es lo de siempre.



Un millón de miradas, y muchas muchas más sonrisas. Tantos besos como estrellas tiene el cielo. Infinidad de caricias, achuchones y cosas bonitas que solo puedes sentir hacia una persona, esa persona que es capaz de hacerte feliz, de hacer que te sientas la persona más especial, de hacer que tu sonrisa brille y no deje de crecer. Es capaz de subirte a la luna y hacer que no tengas que bajar.

Quererte es poco, poquísimo.

Por los sueños que aún nos quedan.


El resto de vuestras vidas es mucho tiempo y lo sepáis o no, está tomando forma ahora mismo. Podéis elegir entre culpar al destino de vuestras circunstancias, o a la mala suerte, o a las malas decisiones que no tienen marcha atrás. Las cosas no siempre serán fáciles en el mundo real. Es así, pero casi siempre, recibes lo que das. Dejadme que os haga una pregunta: ¿Qué es peor: no obtener lo que siempre quisisteis o conseguirlo y descubrir que no es suficiente? El resto de vuestra vida está tomando forma ahora mismo. Con los sueños que perseguís, las decisiones que tomáis y la clase de persona que decidáis ser. El resto de vuestras vidas es mucho tiempo y empieza ahora mismo.

One Tree Hill


De repente fue como si el clamor de la multitud, el eco del timbre final, el aliento de mis compañeros de equipo estuvieran sonando desde muy lejos y lo que quedaba en ese extraño y apagado silencio fuera solo Peyton, la chica cuyo arte, pasión y belleza habían cambiado mi vida. En ese momento mi triunfo, no fue el campeonato estatal sino la simple claridad. El darme cuenta de que siempre fuimos el uno para el otro y cualquier instinto de lo contrario habría sido negar la siguiente verdad: Ahora estoy y siempre estaré enamorado de Peyton Sawyer.

Vivir es lo más peligroso que tiene la vida.


Me gustaría contaros una historia que a mí me conmovió, que me cambió, ya no era el mismo después de esta historia. La historia es de Ric Elías, dio una charla de tres minutos que cambió la vida de las personas que estaban allí. Y a lo mejor dentro de tres minutos ya no pensáis ni sois iguales. El título de su charla, que es completamente reales, es: las tres cosas que aprendí mientras se estrellaba mi avión. Ric Elias iba en un avión con doscientas personas, de repente el avión hizo una maniobra extraña y Ric Elias le preguntó a la azafata que si había pasado algo. La azafata le dijo que no se preocupara, que era algo normal. Habían perdido un motor, en ese momento el avión hizo otro ruido raro; habían perdido el segundo motor. Y cuando Ric iba a volver a preguntar a la azafata, el piloto dijo por megafonía: preparaos para el impacto. Ric lógicamente, dejo de preguntar, sabía que se iba a morir y dice que en ese momento pensó tres cosas. La primera: todo cambia en un instante. Esto parece que no nos damos cuenta pero es verdad. Pensó en todo lo que quería hacer y no hizo, en toda la gente a la que quería haber dicho que la quiere y no lo hizo. Y dice Ric en esa charla, que en ese momento aprendió que no hay que aplazar nada en la vida. Dice que ya no tiene vino bueno en su bodega, que se lo ha bebido ya. Eso no quiere decir que ahora os emborrachéis esta noche. Quiere decir que cada minuto de la vida hay que disfrutarlo porque, esto es verdad, vivimos siempre de espaldas a la muerte, no queremos saber nada de ella, pero cada minuto puede ser el último. La segunda cosa que pensó Ric, cuando se estaba estrellando el avión, es en la cantidad de tiempo que había perdido por culpa de su ego. La cantidad de tiempo que había perdido en cosas que no importan con gente que si importa. Dice Ric que desde aquel momento no ha vuelto a discutir con su mujer. Entre tener razón y ser feliz, elige ser feliz. La tercera cosa que aprendió, es que morir no da miedo. Dice que es como si toda la vida estuviésemos preparándonos para ello. Morir no da miedo, dice Ric, pero te sientes muy triste porque amas la vida. Aquel día, finalmente, Ric sobrevivió. Era uno de los pasajeros que aterrizó en el río Hudson, con un piloto realmente heroíco y consiguió salvar la vida de la mayoría de los pasajeros. Ric termina la charla diciendo que todos nosotros estamos volando hoy y que no sabemos si nuestro avión se va a estrellar esta noche. Y me gustan las últimas palabras de su charla, que dura tres minutos, que dice: no vais a vivir para siempre, preguntaos solamente una cosa, ¿estáis siendo la mejor persona que podéis ser?


BF, bitcho fguapo.




Sí, estamos locas, nos comportamos como crías, gritamos, jugamos, nos miran, se ríen, nos critican, ¿y qué? somos felices, que es lo que importa. Estamos juntas, que es lo que vale. Nos queremos, que es lo que cuenta. Disfrutamos, que es lo que necesitamos. Nos apoyamos, que es lo que nos hace fuertes. Y el resto no importa.

Rendida a ese puto milagro que supone que exista.


El camino es largo, y al final, el viaje es el destino.


Han pasado cincuenta años, cincuenta largos años desde que hecho esto. Mirando atrás a lo que dije hace tantos años, a todas las esperanzas y sueños que tenía, he llegado a la conclusión de que si que las cosas pasen de la forma en que querías es la medida para una vida de éxito, entonces algunos dirán que soy un fracaso. Lo más importante es no amargarse ante las decepciones de la vida. Aprender a dejar ir el pasado. Y reconocer que todos los días no serán soleados, y que cuando te encuentres perdido en la oscuridad y la desesperación recuerdes que sólo en la oscuridad de la noche puedes ver las estrellas. Y esas estrellas te llevarán de vuelta a casa. Así que no estés asustado de cometer errores, o de tambalearte y caer, porque la mayor parte del tiempo las mejores recompensas vienen de hacer las cosas que más temes. Puede que consigas todo lo que deseas. Puede que consigas más de lo que nunca has imaginado. Quién sabe a dónde te llevará la vida. 

Michael Jordan


Siempre he creído que si uno se pone a trabajar, los resultados llegarán tarde o temprano. No hago las cosas creyendo a medias. Sé que al hacerlo así sólo puedo esperar resultados mediocres. Por eso me concentro en los entrenamientos tanto como en los partidos. Es una actitud que se puede abrir y cerrar como si fuera un grifo. Sería imposible hacerme el tonto en los entrenamientos y después, al necesitar más empuje en el final de un partido, pretender que el esfuerzo se refleje.

Abrázate a quien te abrace.

Aprendí que quién no te busca, no te extraña, y que quién no te extraña, no te quiere. Que el destino determina quién entra y sale de tu vida, pero tu decides quién se queda. Que la verdad duele una sola vez, y la mentira cada vez que la recuerdas. Hay tres cosas en la vida que se van y no regresan jamás: las palabras, el tiempo y las oportunidades. Por eso, valora a quien te valora, y no trates como prioridad a quién te trata como opción. Que a veces necesitamos perdernos para saber a quién echamos de menos, huir para averiguar cuántos se preocupan por encontrarnos y otras veces salir corriendo para ver quién esta dispuesto a seguirnos.

Nadie puede darme lo que tu me das, nadie.

En el instituto, en cuarto curso, nos explicaron la teoría de un sociólogo, un tal Maslow que decía que todos buscamos las mismas siete cosas en la vida. El lo llamó la jerarquía de las necesidades humanas.
Lo primero que buscamos en la supervivencia, la salud que nos permita seguir viviendo. Lo segundo es la seguridad, sentirnos protegidos, a salvo en nuestra casa. Después está el amor, según Maslow, nadie puede vivir sin tener amor o sin buscar el amor. La cuarta es el respeto, que los demás valoren lo que hacemos, nuestras decisiones, aunque nos equivoquemos. Le sigue la necesidad de entender, de conseguir explicar por qué la gente toma decisiones que nos dueles. La penúltima necesidad humana es la estética o espiritual, sentirnos parte de algo especial y único, el plan perfecto de nuestras vidas. Y la última es la autorrealización, intentar encontrar nuestra auténtica naturaleza, lo que somos. Hace cuatro semanas, dos días y diecisiete hora que Lucas se marchó a Carolina para convertirse en agente del CNI. Maslow diría que está llevando a cabo la séptima de las necesidades humanas, pero Maslow no tiene ni idea de lo que es despertarse abrazado a Lucas. Así que se pude meter su teoría por donde le quepa, porque lo único que queremos todos en la vida, lo único, es ver a la persona que queremos cuando abrimos los ojos por la mañana.



Comernos la vida, bebernos el miedo.

Agárrate fuerte, no te sueltes. Recorramos la vida poco a poco, dejando huella. Siendo nosotras mismas, como somos, sin cambiar absolutamente nada. Guiñaremos el ojo al sol y sonreiremos a la luna. Será fácil cogerle el tranquillo, pisando fuerte y sin ninguna preocupación, soplando a las nubes para despejar el cielo, para ahuyentar a los problemas. Poco a poco, cada vez será más fácil despreocuparse de todo. Sin inseguridades, con la cabeza alta y sonriendo de oreja a oreja.


Piensa que es la única vida que podemos compartir.

Alguien dijo alguna vez que la vida es un gran viaje, y que nosotros solo estamos aquí de paso. Si, la vida es como un viaje en tren, tiene su principio, y también su fin. Hay gente que no valora este viaje, hay otros que la viven dándole toda la importancia que tiene. Si te paras a pensarlo, somos sólo unos simples pasajeros del tren entre otros tantos mieles de millones que están en él, que estuvieron y que estarán. Pero hay una gran característica que algunos saben encontrar en esta apasionante viaje: el placer de compartirlo con alguien. Siempre se vive un viaje con más emociones si lo vives con alguien a quien quieres, con alguien a quien sabes que verás todos los días, con esa persona con quien estas dispuesta a compartirlo. Si, porque es tú viaje, Tú eliges lo que haces en él, lo que dejas de hacer, y lo más importante: con quién lo compartes.

Esa sonrisa traviesa que vive conmigo.



El momento en el que su sonrisa se extendía a través de su cara, yo sonreía simultáneamente. Era algo inevitable. Sonreía tan cálidamente que tenía la sensación de estar envuelta en sus brazos. Y se formaban hoyuelos en sus mejillas. Eso era lo que más me gustaba de su sonrisa, los pequeños huequecillos que aparecían en su rostro cuando estaba realmente contento. Ese era el mejor momento del día, cuando junto a mí, él sonreía con total sinceridad, le salía de dentro, lo notaba. Después, cuando ya no se podían ver sus dientes, sonreía con la mirada, a pesar de que parezca imposible.

Saciarnos con placeres, despacio y con amor.

Ese momento eterno, en el que solo somos tu y yo, mientras me besas, mientras recorres mi cuerpo con tus manos, y poco a poco nos vamos convirtiendo en una única persona. Y me haces sentir libre, viva. Y cuando abro los ojos me encuentro con esa mirada enamorada que me observa. Y te beso, una y otra vez. Me abrazas y suspiras. Me susurras al oído. Y en ese instante, nuestro instante, creo que no podría ser más feliz.

Desde siempre, para siempre.



Las veía allí y parecía que se había parado el tiempo, que todo era igual que cuando nos conocimos, que los años no habían pasado, que seguíamos siendo las mismas niñas y parecía que no nos íbamos a separar nunca. Deseé que ese momento no terminara. Y aunque en el fondo sabía que nos íbamos a separar, supe que seguiríamos siendo amigas, siempre.

te quiero


Podría repetirlo hasta que mis labios se sequen y las palabras dejen de tener sentido. Podría escribirlo en francés, en chino, al revés, con letras rojas o con tinta invisible. Podría tatuármelo en la frente, para que lo vieras cada vez que me miraras. Podría hacer que un avión lo escribiese en el cielo, como en las películas, o que apareciese en el marcador en medio de un partido. Pero no me gustan los aviones ni los partidos, no se hablar chino ni francés, me dan miedo las agujas y nunca supe encontrar tinta invisible. Solo me queda decírtelo, te quiero, ¿lo sabías?

Posdata: te quiero


Querida Holly:
Esta carta es para decirte como me he sentido, como me has cambiado. Me has convertido en un hombre queriéndome y por eso te estoy eternamente agradecido. Quiero que me prometas algo: que nunca estarás triste o insegura o perderás por completo la fe, que tratarás de verte con mis ojos.
Gracias por aceptar ser mi esposa, soy un hombre que no se arrepiente. Que suerte he tenido. Tu has llenado mi vida Holly, pero yo solo soy un capítulo de la tuya. Habrá más, te lo prometo.
Y ahora viene el gran consejo: no tengas miedo de volver a enamorarte.

!


Permíteme corregirte: después de un te quiero, viene un mucho. Después de un tú, va un yo. Después de una sonrisa un beso. Después de un abrazo, un mordisco. Después de discutir hay una cama. Después de un adiós, vienen las lágrimas. Después de llorar, viene un parque. Después de verte, viene un te quiero. Después de un te quiero viene un mucho. Después de un mucho, vienes tú. Después de ti, no hay nadie.

One in a million


En este momento hay seis mil millones, cuatrocientos setenta millones, ochocientas dieciocho mil, seiscientas setenta y una personas en el mundo. Algunas corren asustadas. Otras vuelven a casa. Algunas dicen mentiras para llegar al final del día. Otras simplemente están enfrentándose a la verdad. Algunos son hombres malvados en guerra con los buenos. Y algunos son buenos, luchando con los malvados. Seis mil millones de personas en el mundo. Seis mil millones de almas. Y a veces,  todo lo que necesitas es una.

Indestructible


Un hogar es ese sitio con techo y paredes que te resguardan cada día del sol y de la lluvia. Es ese sillón desde donde en invierno sientes el calor de la chimenea y en verano la brisa fresca que entra por la ventana. Un hogar es esa escalera en la que siempre tropiezas con una sonrisa o esos pasillos donde los juguetes tienen vida propia. Pero un hogar es mucho más que un puñado de habitaciones, son los momentos que vives en ellas. Cuando tu hijo tiene miedo y le ayudas a dormir leyéndole un cuento o cuando una niña que está sola en el mundo te dibuja como parte de su propia familia. Y no hace falta tener lazos de sangre para crear un hogar, cuando menos te lo esperas todos estos momentos crean otros lazos, invisibles, pero indestructibles. Como cuidar con cariño los unos de los otros, ayudar a quien lo necesita sin pedir nada a cambio o apoyarse siempre los unos en los otros. Juntos, unidos como un equipo. En los buenos momentos y en los malos. Porque hasta en los peores momentos esos lazos te dan fuerza para seguir adelante. Para apretar los dientes y aguantar. Para pensar que si sales de esta podrás volver al hogar.
A veces la vida nos deja fríos e intenta alejarnos de casa, pero si sigues pensando en los tuyos, mantener vivo el calor del hogar es aún posible. Tienes que mirar a los ojos del otro cuando tiene miedo para darle tranquilidad. Tienes que tragar saliva y pelear, aunque te pase factura. Porque ningún precio es demasiado alto si consigues lo que más te importa en la vida. Tienes que esforzarte y salir adelante sin rendirte. Aunque haya gente que no entienda tu lucha. Que intente a toda costa que no avances.
Si haces todas estas cosas, tu hogar siempre seguirá vivo. Porque un hogar no son unos cuantos metros cuadrados, ni unas bonitas vistas, ni los felpudos de bienvenida. Un hogar, son los lazos invisibles que nos unen a nuestra gente. Y eso aunque lo intenten, no lo puede destruir nadie.

lunes, 22 de octubre de 2012

La vida es demasiado para ser insignificante.

He aprendido que la vida es un momento, un pequeño instante. Vivimos pensando en el mañana, intentando comprender el ayer y mientras dejamos escapar el día de hoy. Vivimos buscando el momento perfecto, la vida perfecta, el sueño perfecto, la persona perfecta. Pero no hay momentos, ni vidas, ni sueños, ni personas perfectas. Crea el momento, vive la vida, desea tus sueños; no serán perfectos pero serán tuyos. Serán vidas vividas, no leídas.