Puestos a pensar, he llegado a la conclusión de que nada es imposible. ¿Por qué algo debería serlo, si ni siquiera tocar las estrellas lo es? Hay estrellas por todas partes, en tiendas, en dibujos, en libros. Estrellas en el techo de nuestra habitación o dibujadas en las agendas mientras nos aburríamos. Y la verdad es que se pueden tocas. Al igual que las del cielo: Aunque estén a miles de kilómetros de nosotros, aunque parezcan tan inalcanzables cada noche que las vemos brillar en el cielo, en verdad no lo son. Esos pequeños puntos brillantes en el cielo, se alcanzan con tan solo elevar la mano, y cerra el puño. Ya está, son nuestras. Y, si tocar las estrellas no es imposible, para mí, está más que claro que ninguna otra cosa lo es.
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